Quizá mi post anterior dejó descolgada la didáctica, y por ello voy a meterme un poco más en el tema. Estoy cada vez más convencida de que la manera de impartir clase está cambiando en este país, como en otros muchos, y de que las nuevas tecnologías han sido un gran avance para el campo didáctico. Los jóvenes de ahora ya nacen con ellas y se familiarizan desde pequeños. Manejar el campo de la informática y las telecomunicaciones es lo más normal del mundo comenzando el siglo XXI, cosa que no le sucedía a anteriores generaciones, pues para ellos es algo nuevo que les cuesta mucho aprender. Yo me encuentro en el medio de las dos opciones, y adaptándome al cambio, que me parece que está lleno de ventajas.
Como dice Enrique Dans en su artículo Educación, metodología y cambio de siglo:
La tecnología es una parte importante de esta transformación. No sólo lleva información a los estudiantes, sino que permite además que el profesor la use para comunicarse, discutir en foros, proporcionar fuentes adicionales, etc. El flujo de información cambia incluso el caduco principio de autoridad: el profesor no puede asumir que tiene más o mejor información que sus alumnos. Además, la tecnología hace desaparecer las paredes del aula: cada semana doy clase a alumnos en los más diversos lugares del planeta, a los que integro en la discusión mediante cámaras web, mientras ellos me ven a mí en una ventana, mi presentación en otra, y comentan o preguntan en una tercera: una enseñanza online que, lejos de ser un autoestudio de bajo coste, es una clase de verdad, con su riqueza y experiencias, en la que la profundidad de la discusión, ayudada por la mayor riqueza del medio, va más allá que la clase convencional
De estas líneas se entiende que tenemos ante nosotros una nueva manera de dar clase, ya no estamos en una escuela en la que no podemos participar, sino que un alumno bueno, en realidad es el que participa. Esta participación se produce incluso fuera del aula, compartiendo opiniones, experiencias… Esto es lo que intentamos hacer en MDI, salir de la clase normal, realizar una didáctica de las matemáticas más participativa, en la que nos involucremos más, con el profesor, con los compañeros y si queremos ir más lejos, con el mundo en general.
Y ¿por qué no hacer esto en los niveles de Primaria?Seguramente siguiendo estos métodos didácticos, y no el grueso libro de texto, los niños cogerían con más ganas las matemáticas, tendrían más interés, y aprenderían, que al fin y al cabo es lo que nos interesa.
